viernes, 16 de abril de 2021

La guerra androide


Año: 2070

La tierra ha sido invadida por un clan roborico, seres creados a partir de una genética basada en un potente androide. Parecen humanos. Su aspecto, su forma, su cuerpo, pero tan solo son maquinas sin corazón.

El clan gobernado por XLon001 amenaza a la especie que durante millones de años ha convivido como el rey y señor del planeta, el hombre. Las casas se han destruido, el trabajo a desaparecido, la naturaleza ha menguado.

La tierra se ha convertido en un campo de batalla por la supervivencia. El robot androide supera en número y fuerza al humano. Todo el mundo está en peligro, no existe la libertad, quien cae en sus garras muere.

Y dentro del caos existencial en que el que se encontraba sumido el planeta había un hombre llamado Libertador, un héroe de guerra, un luchador nato, un combatiente, capaz de hacer frente a la peor adversidad, la muerte.

Su principal objetivo era crear una resistencia para para el avance de las maquinas. Para ello reunió a un cuantioso número de hombres que se sumaron a su causa. Libertador era muy carismático y tenía alma de líder. Era un hombre muy melifluo pero también algo ecléctico. La vida le había enseñado a vivir con lo poco que poseía.

Un tiempo atrás había tenido una bonita familia, una mujer extraordinaria y unos hermosos hijos. Pero aquella maldita guerra que había comenzado XLon001, los había destruido, arrebatandole lo que más quería. 

Ahora ya no tenía nada que perder. Tampoco existía miedo. Él se encargaría.

-¡Preparados para luchar! -Gritó a su ejercito. 

-¡Si señor! -Resonó con fuerza sobre su cabeza.

-Bien, recoged las armas, nos espera un largo camino.

Todos se pusieron en marcha afrontando el momento de la lucha. Libertario fue su voz, su guía, su mentor. Había que parar el ataque robótico y él estaría al mando de la expedición que podría salvar la raza humana. 

Se aproximaba la guerra androide.


Annbel Soler


  

viernes, 2 de abril de 2021

Una cita con el pasado (Parte 2)

 

Apenas puedo contener mi alegría, casi roza la euforia cuando veo que el otro vehículo detiene su marcha y se para junto al arcén, justo delante de mis narices.


Hace un frío que pela, y bien. Me froto las manos para hacerlas entrar en calor. Entonces observo la figura que baja rápidamente del coche para socorrerme.


"Es mi ángel de la guarda", pienso con una sonrisa al tiempo que me acerco.
Se trata de un hombre, alto, corpulento, llamativo. Durante un momento me quedo hipnótica ante su imagen. No salgo de mi estupor. Me digo que no puede ser, imposible que tenga tan mala suerte. Medio escondida entre tanta ropa intento pasar inadvertida, pero él se ha fijado rápidamente en mi con cara de asombro.


"¡Es él, es él!", repite mi mente en estado de shock. Madre mía, que vergüenza, Ben me mira como si me hubiese reconocido. Diez años tampoco son tantos.
No puedo evitar derretirme. Él no ha cambiado nada, sigue igual de guapo que cuando me marché.
Mis mejillas enrojecen. Menos mal que parte de esas orejeras cubren mi rostro.


-¿April? -escucho su voz.


Me armo de valentía y doy un paso más al frente. Me tiemblan las piernas ante ese encuentro inesperado.
¡Ay dios! Es mi momento. Me planto ante sus ojos con eje de aquí estoy yo.


-Hola Ben.


Él se muestra con sorpresa.


-¡April! -exclama -¿Qué haces aquí?


Nadie como Ben Steven me ha sabido llamar tan dulce. Ben es el único que siempre ha conseguido causar ese extraño efecto sobre mí. Y ahora no era porque fuese una ingenua adolescente.
Ben me coge las manos en un acto incontrolado de emoción, y yo naturalmente me estremezco. Observando sus apasionados ojos verdes me doy cuenta de que cometí una estupidez al dejarlo, que fue un error huir de allí.


Durante años años mi vida había estado vacía, aunque nunca le admitiría eso a Ben por orgullo.


-He venido a la boda de Zoe -logro decir sin que me tiemble demasiado la voz -soy su primera dama de honor -y agrego nerviosa -¿Y tu que haces aquí? -bromeo para ocultar mi estado creciente -¿Acaso me persigues?


-Vivo aquí, ¿recuerdas? -me lanza en forma de reproche - además soy el padrino de Joe.


-¡No fastidies! -suelto espontáneamente, y me tapo la boca ante mi gran metedura de pata.


Ben me suelta las manos de manera inmediata. Noto su decepción y me maldigo a mi misma por ello.


-Ya veo que no has cambiado, April.


Ben se dirige a la parte del motor de mi vehículo, y yo le sigo arrepentida de mi estúpida actitud.


-Ben, lo siento, no pretendí decir eso.


Él me observa enardecido.


-Déjalo -me pide -tu siempre fuiste muy directa -y alega con dolor -como cuando decidiste dejarme para marcharte a la gran ciudad.


Me siento muy incómoda ante su reproche. Se que tiene motivos para odiarme, para estar enfadado conmigo.


-Ben -lo nombro tímidamente.


Sus ojos verdes me miran intensamente. El tiempo parece detenerse allí mismo. Su pregunta me descoloca.


-¿Has logrado encontrar lo qué buscabas fuera de aquí?


Me quedo totalmente fuera de lugar, aturullada. Mis palabras no logran salir de mi garganta.
Ben abre el capó sin prestarme demasiada atención. Veo que aún se le da bien la mecánica.
Un nudo ahoga mi garganta.


-No -digo sinceramente.

 
Ben levanta su cabeza y me mira.

 
-¿Por qué?

 
-No te tenía a ti -le abro mi corazón, pero Ben hace como que no me escucha. Está dolido.

 
-Ya está -dice bajando de nuevo el capó -prueba a darle al contacto.

 
-Ben -le toco el brazo.

 
-Que.

 
-¿No me has oído?

 
Su mirada se clava en la mía con fervor.


-Fuiste tu quien decidiste marcharte, no yo.


-Lo sé, pero me equivoqué -acaricio lentamente su mejilla.


-¿Y después de tanto tiempo debo creerte? -inquiere desconfiado.


-El destino me ha traído de nuevo a ti, nunca he dejado de quererte, Ben.


Sus manos se unen a las mías en una suave caricia.


-April -susurra -mi April.


-Ben -musito.


-Nunca dejé de quererte -me confiesa apasionado bajo la lluvia de nieve.


Mis labios buscan sus labios con anhelo y ese ansiado beso llega por fin. Ambos nos abrazamos con pasión. Y fue el momento más bonito de mi vida.
La noche junto a Ben se me hizo corta. Con él me sentía en la luna. Al día siguiente Zoe celebró su boda con Joe. Yo fui su dama de honor y Ben su padrino. Fue un enlace precioso.


En el fondo sospeché que Zoe había organizado mi cita inesperada con Ben. Volver a Valentine trajo la felicidad a mi vida.
Era mi hogar. Era mi parada. Era mi futuro.


By Annbel Soler