martes, 30 de marzo de 2021

Una cita con el pasado (Parte 1)


 ¡Qué frío del carajo qué hacía en aquel jodido pueblo de Nebraska! Claro que teniendo en cuenta que era el mes de diciembre, no me extraña que tuviese el moquillo cayéndome por mi nariz congelada. 

La temperatura fuera del vehículo debía rondar los veinte grados bajo cero. Tampoco era mi intención comprobarlo. Tendría que estar muy loca para abandonar el confort de mi asiento de cuero tapizado. Ahora la calefacción caldeaba el interior del coche haciendo que me adormeciera el sonido del motor.

Mis ojos cansados observaron la desierta carretera. ¿Quién demonios iba a viajar con aquella tormenta de nieve? La jodida boda de Zoe, mi mejor amiga de la infancia, me había llevado a pisar de nuevo Nebraska. Hacía al menos diez años que no visitaba el pueblo donde nací y me crie. 

Efectivamente yo, la típica pija de ciudad, como comúnmente me llamaban, era de un pequeño pueblo, Valentine, situado en el condado de Cherry.

Muy poca gente conocía mi pasado. Me considero reservada en ese aspecto. Hace más de diez años que dejé atrás este inhóspito lugar para perseguir un sueño, ver el mundo exterior que rodeaba Valentine. Y de algún modo lo he conseguido.


Se podría decir que hoy en día soy una mujer consagrada, de éxito, independiente. Tengo un trabajo que me apasiona y un cargo en una multinacional de marketing en la ciudad de California.
No me puedo quejar de que la vida me halla tratado mal. 

Referente al amor... Bueno es un tema aparte. Mis relaciones suelen durar poco. Mi problema es que busco la perfección en un hombre, eso o que no puedo olvidar a mi primer amor de juventud, Ben Steven.

Me pongo a pensar en él y todo mi cuerpo se altera. Pero fui yo la que decidió cortar con Ben, yo la que rompí la relación para buscar una libertad que me faltaba. 

De repente el coche emite un extraño ruido que altera mis oídos. Paro el motor en mitad de la nada. La nieve cubre todo el parabrisas. ¡Maldición! Intento arrancar de nuevo, pero este maldito trasto no quiere ponerse en marcha. 

Lo admito, me ha dejado tirada en la cuneta, ¿y ahora qué? Abro la guantera y busco mi viejo gorro de lana y esas orejeras tan anticuadas que hace siglos no me pongo. Con horror las observo reacia a salir del coche con este frío. 

Tendré que buscar ayuda sino quiero morir congelada. Me coloco las orejeras y noto el calor. Entonces salgo del vehículo. Unos faros me encandilan. Otro coche se acerca por la carretera.

Doy gracias al cielo. Parece que tendré suerte... Continuará


By Annbel Soler



domingo, 21 de marzo de 2021

Eres Luz


Radiante es tu sonrisa que ilumina de destellos el atardecer. Mi corazón galopa al verte tan cerca de mi ser.

Tu brazo rodea mi cintura, tu aroma impregna la tarde, arroyo en el que respiro. Y apoyo mi cabeza sobre tu hombro y me dejo mecer por la calma.

Calma que me trasmiten tus ojos verdes. Sosiego de la luna que me mira a través de ti. Eres tu, mi vida, eres tu mi muerte.


By Annbel Soler


martes, 16 de marzo de 2021

Secreto de estado


 La CIA lo vigilaba de cerca. Ryan era consciente de que aquel secreto de estado pondría en jaque su vida. 

Siempre fue marine, su deber había sido servir a su país como soldado, pero también a su gobierno como hombre. 

Ryan era un militar consagrado. Tenía varias medallas al honor, y también había ejercido como GEO en el cuerpo especializado en operaciones.  

No conocía más vida que esa. Pero descubrir aquellos documentos del pentágono había puesto tras su cabeza a la inteligencia norteamericana. Necesitaba destruir las pruebas que lo inculpaban de una traición que no había cometido. 

Su único delito era haber descubierto el dossier. Ahora necesitaba ayuda. El tiempo se le agotaba. El F. B. I, también andaba tras sus talones, ¿a quién podía acudir? 

Ryan pensó en su vieja amiga, Ava, a la cual no veía desde la universidad. Ella era abogada. Ella sabría que hacer. No tenía a nadie más en quien confiar, aunque hacía siglos que no se veían. Cruzó la calle con el dossier bajo su brazo. 

Ryan lo apretó contra su pecho. Había anochecido y ahora el aire rozaba su rostro. Miró en todas direcciones, alguien lo seguía, podía sentir su aliento. Estaba en peligro. Debía darse prisa y llegar cuanto antes a la oficina de Ava. 

El callejón estaba muy oscuro. Un chasquido sonó tras su espalda. Ryan echó inmediatamente mano de su arma, se giró con los ojos inyectados en sangre, y contempló la bonita figura de una mujer. 

Su cintura se contoneó provocativa a la pálida luz de la luna. La reconoció inmediatamente, era Ava, su amiga. 

Su sonrisa era hermosa, y tenía una llamativa melena que le llegaba hasta la cintura. 

El brillo de su revólver destelló en la noche. Ryan supo que no tenía escapatoria, que iba a morir en aquella mugrienta acera por un secreto de estado. 

Había confiado en la persona equivocada. Ella se había dejado comprar por el gobierno.

 

By Annbel Soler



sábado, 13 de marzo de 2021

Sentimientos 11

 La fuerza de un sentimiento es capaz de alcanzar la cima más alta. Tan solo confía en tu corazón.


By Annbel Soler



jueves, 11 de marzo de 2021

miércoles, 10 de marzo de 2021

Quiero

 


Quiero tenerte en mis brazos y sentir tu estremecer. Quiero acariciarte y besarte en cada parte de tu ser. 

Quiero ver tu sonrisa cada amanecer. Quiero que a tu lado no haya mañana ni día. 

Quiero oír tus palabras como un susurro. Quiero saber cuanto me amas. 

Yo te amo como puede amar la noche al día, las estrellas a la luna, el mar a su orilla. Y tu amor ¿cómo me amas? 

 

By Annbel Soler



martes, 9 de marzo de 2021

La mejor medicina

 


El cómo, era un misterio para la pequeña aldea de Tanzanos situada al sureste de África. 

Nadie sabía lo que había llevado a la joven Phoebe Cooper a viajar hasta allí, pero era un auténtico milagro que fuese la mejor doctora de todo el poblado. 

Se comentaba que la joven se había unido a la ONG a causa de un desengaño amoroso, pero en realidad nadie supo sus verdaderos motivos. 

Phoebe era muy reservada. Pero su carácter bonhomía había conquistado a todo aquel que la conocía. Phoebe era la persona más perseverante de la tierra, y eso había cautivado el corazón del ilustroso doctor Fhil, quien desde primera hora que ella llegó se sintió irremediablemente atraído por su belleza, morena, melena larga y ondulante, y ojos verdes y profundos.

 Fhil estaba enamorado aunque no se atrevía a confesarselo. Hacía días que entre ellos hubo un leve acercamiento, pero unos extraños síntomas entre algunos aldeanos, pusieron en alerta a Phoebe. 

Nunca había tratado a un paciente con esas reacciones alérgicas en su piel. Al parecer era contagioso. Recordó que su padre le había dado su viejo farmacopea cuando se licenció en la carrera, y que allí entre aquellas amarillentas hojas podía estar la cura a base de fármacos o hierbas naturales. 

Trabajó duro, y milagrosamente dio con un remedio que funcionó contra esa alergia provocada por la picadura de una avispa. 

Esa noche en su honor, el poblado celebró una gran fiesta, y Fhil por fin se atrevió a invitarla a bailar y ella aceptó. En el fondo Phoebe siempre había esperado que él diese el paso, pues de alguna manera le gustaba, y había empezado a sentir cierto sentimiento de amor. 

La brisa de la noche de verano era cálida y agradable. Él se acercó con una bonita sonrisa. 

-Enhorabuena doctora. 

-Gracias, doctor Fhil. 

Fhil la agarró de la cintura con suavidad, y ella se dejó llevar. 

-Admito que nunca me deja de sorprender. 

-¿Yo? -Se sorprendió con rubor. 

-Sí, usted, su carácter bonhomía me ha cautivado, además de su gran talento. 

Phoebe sonrió satisfecha. 

-Usted tampoco está mal. 

Fhil la miró soltando una suave carcajada. Phoebe se apoyó sobre su hombro mientras la música sonaba. Podía ser el comienzo de algo para recordar.

 

By Annbel Soler



 

sábado, 6 de marzo de 2021

Sentimientos 9

Si no puedes con tu enemigo únete a él. 

Recuerda que del odio al amor hay tan solo un paso.


By Annbel Soler


Amaneciendo junto a tu amor

 


martes, 2 de marzo de 2021

El precipicio


Al borde de este precipicio siento el gélido aire rozar mi cara. Un paso más, solo un paso, y mi cuerpo caerá al vacío que ven mis ojos.

Siento mi agitada respiración latir en mi sien. El pánico me engarrota, ¿o es el frío?

Mi mente está confusa.

Miro, y solo veo una profunda oscuridad, y entonces caigo mientras grito en el silencio. La adrenalina corre por mis venas.

Caigo, me desespero. El precipicio está a mis pies. ¿Tendré salida? Cierro los ojos, no pienso. Y sigo cayendo, envuelta en una exuberante oscuridad.

Mi respiración golpea mi cogote con fuerza. El silencio es dueño de mi miedo. De repente mi cuerpo choca contra algo duro.

Siento su mano, fuerte, enérgica tirar de mi. Su perfume se cuela por mis fosas nasales. Es un olor varonil, a sándalo y cedro, que me deja aturullada.

Levemente me atrevo a mirarlo, pero me quedo impactada, sus ojos de un profundo color zafiro no son de este planeta. Sin embargo hay una extraña mezcla de dulzura y protección en el fondo de ellos.

¿Quién eres? –Le pregunto con temor.

Mi nombre es Zahr, y estoy aquí para protegerte.

El gélido aliento de la noche me golpea de nuevo el rostro. Lágrimas ruedan por mis mejillas.

¿Protegerme de qué?

Zarh me coge la mano.

De ellos –me dice mirando con resigno la nave que se acerca.

¡Quienes son ! –Le grito.

No hay tiempo, salta conmigo.

¡Qué! –Exclamo con horror.

¡Salta! –Me ordena firme.

Me niego a saltar a ese precipicio. Pero él aprieta mi mano y me reconforta. Sin pensarlo me lanzo hacía la oscuridad.

Y de repente abro mis ojos y empapada en sudor me despierto en mi cama. Desorientada busco algún rastro de Zarh, pero estoy sola, en mi habitación y el silencio ensordece mis oídos.

¿Qué ha sucedido?

Pero nadie responde mi pregunta. Oigo pasos en el pasillo y la voz de mi padre llamándome.

Valeria es hora de levantarse o llegarás tarde al instituto –me dice.

¡Ya voy papá! –logro articular palabra.

Siento que de nuevo se aleja y me dejo caer sobre la almohada. Sé que lo que he vivido ha sido real. Zarh no era una pesadilla, y ellos estaban allí. No se donde, no se por qué, pero sentí que mi vida estaba en peligro y que Zarh me protegería.  

 

By Annbel Soler